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domingo, 24 de noviembre de 2013

31.Solamente el comienzo de un final.

Ese sábado a las afueras de Madrid, decidí finalizar mi viaje pagando un coche compartido desde Madrid por 25 Euros, pasando a un gasto total de 75 euros en la guelta hasta mi casa desde República Checa. Cuando entraba en Galicia, y sobre todo al entrar en Vigo, me sentía como si en realidad no hubiese estado fuera de casa más que un par de días, tod seguía igual, y pensar que había recorrido 8 países en dos meses pasaba a ser algo propio de un ajeno, como si no fuera yo el que se fuera.

El conductor con el que llegué a vigo, se ofreció a dejarme en casa por el mismo precio, pero le pedí que me dejara en la sierra del monte "Galineiro", en Vincios, donde quería pasar mi ultima noche de viaje,  a unos 6 kilómetros de mi casa en Gondomar. Por la mañana, exceptuando el ultimo kilómetro, lo hice en coche con un amigo.

Entré en mi pueblo caminando debido a que en el ayuntamiento sabía que me esperaban algunos familiares y amigos para recibirme.Y mi vida, a partir de ese momento, fue diferente. Este viaje me cambió,  quizás no en mi llegada, sino a medida que en las semanas venideras, pensaba en todo lo que había hecho, como había vivido.

Había de cambiar cosas en mi vida, había que poner en practica todo lo aprendido. La vida era más gratificante, y mi cabeza, estaba un poco más amueblada.Personas, lugares, costumbres, tradiciones, arquitectura, intrepretaciones del mundo, no iba a ser fácil organizar todo eso en mi cabeza, pero con tiempo, a su debido tiempo, todo iba a cobrar sentido, y yo volvería a revolver todos mis recuerdos de esta maravillosa experiencia, para ser más fuerte, o puede que tan solo, para hayarme más cerca de la verdad.Mi verdad, y mi lugar en el mundo.

Consciente.

viernes, 25 de octubre de 2013

30."El viento que me lleva".

De la inmensidad de la estación de la Jorquera, y tras una media hora haciendo autostop en la carretera nacional, me dirigí haci la zona de Montaña más próxima, y fui siguiendo el curso de un río dirección sur, a la vez que iba curioseando las peculiaridades de aquel entorno seco, en aquél día de sol y altas temperaturas. En este trayectome encontré con la primera Masía (casa rural típica de Cataluña).

Tras un par de hora caminando aproveché que no había nadie por allí, y me duché con el agua de río, que pese a estar fría,  me sentó muy bien para paliar el efecto del sol, que abrasaba aquellos campos y montañas.Cuando me aburrí de caminar, volví a la carretera nacional, debían ser sobre las 16:30.Tras media hora me recogió un rumano que se dirigía a la costa, y que me dejó en el peaje de entrada a la autopista. Dos veces me preguntó si tenía algun problema con la policía,  parecía no creerse lo que le contaba sobre mi viaje.

Casualidades de la vida, cuando llegamos al peaje, se hayaban allí la policia catalana, que nos observaban atentamente desde el otro carril. Me despedí del conductor, y lo que hice, fue caminar directo a la policía,  para que me recomendaran una ruta a seguir por la autopista.

En primer lugar, me aclaró que yo no podía estar allí,  ya que ese peaje ya se consideraba autopista, y como todos sabemos, no se puede hacer autostop en la autopista, se mostraban serios,  pero les picaba la curiosidad, por lo que me preguntaron por lo que hacía en aquél lugar, ytras explicárselo, me ayudaron indicándome un lugar para hacer autostop, acabé dándoles la dirección de este blog, y nos despedimos con un apretón de manos .Me desearon suerte.

Hice autostop donde me dijeron, pero en la hora u hora y media que estuve haciendo autostop no me paró nadie, y viendo que la noche estaba al caer, decidí caminar hasta un pequeñísimo pueblo que se divisaba desde mi posición, para buscar un bar donde hacer tiempo hasta que me fuera a buscar un lugar donde dormir en sus proximidades, la zona parecía segura.

Apenas había un puñado de casas, y se podía atravesar aquél lugar caminando apenas 5 minutos, ese era el pueblo formado por casas apiñadas color marrón como el terreno seco propio de la zona. Nada más entrar en el pueblo pregunté por el bar, dudando de que quizás no existiera, pero sí, había un pequeño bar, y de camino al mismo me asaltó un grupo de niños.

¿Qué es eso?. Preguntaron apuntando con su dedo hacia mi mochila. "Es una mochila de viaje, y mi casa, estoy viajando por europa", afirmé. El niño más curioso de los que allí se encontraban me respondió con un rotundo pero simpático: " no te creo".Sonreí y le expliqué que era verdad, y comencé a contarles mi viajea aquél grupo de chavales, mientras entre asombro y desconfianza, pero con atención,  escuchaban la historia que les contaba.

Tras esta bonita escena, seguí caminando hacia el bar, y cuando entré,  como no podía ser de otra forma en un pueblo tan pequeño,  me ví asaltado por un puñado de miradas de extrañeza, pedí un vaso de vino, y me senté a escribir mientras escuchaba las discusiones políticas de un grupo de señores mayores que hablaban sobre el independentismo catalán y su idioma, en una discusión que parecía no tener final ni punto medio, pero así se pasaban las horas en aquél recóndito lugar.

Llevaba sobre una hora y media en el bar cuando entro en mi facebook desde el móvil,  y me encuentro con una grata sorpresa.Miguel un amigo de mimoueblo, Gondomar, me había mandado un mensaje tras leer en facebook que ya estaba en cataluña, en su mensaje me invitaba a dormir en su casa si estaba cerca de Figueras.Yo me encontraba a escasos kilómetros de allí, y acepté quedar a las afueras de ese pequeño bar de pueblo.

Yo no recordaba que él estaba trabajando para el ejército en aquella zona, y teniendo en cuenta que ya me estaba preparando para irme a dormir, la sorpresa me alegró doblemente. Otra buena casualidad en mi viaje, y no dejaban de repetirse.No sería la única,  ya que justo cuando salia del bar para llamar a Miguel, él y su novia entraban al bar a la vez que yo salia, nos dimos un abrazo en la puerta, y me presentó a su novia, Laura.

Nos desplazamos desde Santa Leocadia de Algama, donde yo me encontraba, hasta otro pequeño pueblo, lugar de residencia de Miguel y Laura. En su casa pasaría dos noches, en las que Miguel y yo jos pusimos al día sobre nuestras respectivas vidas, yo le hice mil preguntasmsobre el ejército;armas, tacticas y estrategias militares, y un sinfín de curiosidades más sobre las que buscaba una respuesta . También me anunció que serian padres en unos meses, una alegría.

El segundo día de estar en su casa, fuimos hasta el centro de Figueres, pasando por su "rambla" (calle principal ajardinada), por el Museo Dalí,y finalmente por sus callejuelas, hasta llegar a un bar donde servían estrella Galicia, para nosotros era como un rito charlar con una cerveza gallega en las calles de Figeras, en parte era como estar en casa, o por lo menos a mí, esa escena con Miguel, me anticipaba la inminecia del final de este viaje, y era el primer hecho importante aue me demostraba que no quedaba "nada" para estar en mi pueblo con mi gente.

Por otro lado, Laura, pese a no conocerme me trató estupendamente,  e incluso me dejó la comida lista en mi segundo día en su casa, cuando me desperté tenía mi hamburguesa y mi pasta lista para comer, todo un detalle.

El 19 de Octubre me deja en la estación de servicio más próxima, a eso de las 18:30, no sin antes aportar un par de cosas a mi viaje; una bolsa especial para transportar agua y poder beber a la vez que caminas, de las que usan en el ejército para sus maniobras, una lata de atún,  unos calcetines para la nieve, y 3 sobres de pasta china de preparación rápida. Nos despedimos allí sabiendo que pronto nos veríamos en Gondomar en Navidades.

Tras despedirme de Miguel fui directo a la cafetería de la estacion de servicio para pedir cartón, lo necesitaba para elaborar ek siguiente cartel.Mientras que la camarera se metió en el almacén para traerme el cartón, apareció Jose Luis, un camionero que se puso a hablar conmigo: ¿A dónde vas con todo eso?.A Galicia, respondí.

El era también era gallego, pero llevaba en cataluña unos cuantos años. En su trabajo se encargaba de haber la ruta Barcelona-Lyon, mínimo dos veces a la semana, y justo lo pillaba de vuelta a Barcelona, por lo que me adelantó unos 100 kilómetros hasta allí, dejándome en otra estación de servicio, donde pasaría la noche. En aquél lugar utilicé mi camping gas para preparar la pasta que me ofreció Miguel.

El resto de la noche me la pase divagando en mis pensamientos en la cafetería,  sin tomar más que un café que me ofreció oto camionero, y cuando me entró el sueño monté la tienda justo al lado de la cafetería.

La mañana siguiente tuve continuó la suerte, ya que justo cuando me posicionaba con toda mi cartelería para hacr autostop, me recogió un promotor inmobiliario, que me acercó hasta la salida de Barcelona por la autopista, donde me pasé el resto de la mañana, hasta que apareció Max, sobre las 16:00.

Max es un australiano que esta recorriendo europa en furgoneta, y con él hice directo el trayecto hasta madrid, pero en vez de pasar por Zaragoza como tenía pensado, fuimos por la autopista hasta Valencia, y desde allí hasta la capital. Hablamos mucho de viajes y de nuestras respectivas ocupaciones, también aproveche para dejarle mi contacto por si quisiera pasarse por Galicia tras las dossemanas que tenía pensado pasar en Madrid.

Max me dejó en un pueblo madrileño pegado a la autopista sobre las 24:00, donde monté la tienda al lado de la piscina municipal. Era una zona residencial, el típico pueblo dormitorio a las afueras de Madrid.

Cuando me desperté fui hasta la entrada de la autopista donde estuve desde la mañana hasta las 20:00 haciendo autostop. No entendía porque nadie me recogía en aquél lugar, ya que mis carteles y posición para la autopista eran las correctas, y me pasé allí todo el día hasta que un jóven me introdujo de nuevo en la primera estación de servicio dentro de la autopista cuando anocheció. Allí me pasé hasta las 2:00 de la madrugada intentando acercarme a Galicia, pero fue imposible.


martes, 15 de octubre de 2013

29."La vida en la montaña"

En ese sexto coche viajaba una pareja de jóvenes franceses, Tibo y Marione. Cuando me pararon, me explicaron que iban a un pueblo en la montaña, a donde acepté dirigirme por el riesgo de que no me parara más gente, y tener que pasar la noche en aquél peaje,  algo que no me hacía nada de gracia. En el coche les hablé de lo que estaba haciendo, y me propusieron quedarme a dormir en su casa, ya que al día siguiente se dirigían a Cannes y podrían a la vez adelantarme unas decenas de kilometros hasta allí.

Así es como acabo este día en la montaña, en contraste con la mañana de ese mismo día, que había estado en la playa de Mentón. Vivían en un pequeño pueblo con apenas un puñado de casas llamado Levens, y la pareja tenía un pequeño huerto con gallinas que visité nada más llegar, cuando acompañe a Tibo a darle de comer a los animales, a la vez que no dejaba de preguntarle cosas sobre el cuidado de las gallinas, su rentabilidad, su manutención, o los huevos que podrían dar al día.

Me gustó mucho como vivían,  sobre todo por esa tranquila vida en la montaña rodeados de naturaleza, y con el añadido de la producción casera de algunos productos vegetales y huevos, que les permitia tener un plus de comida, y aún mayor autosuficiencia, ya que los dos tenían trabajo. Ambos eran personas muy abiertas, y pudimos charlar durante horas de viajes, política,  cultivos, o la vida en la zona.

Ambos habían colaborado en latinoamerica con proyectos de desarrollo forestal, y colaborado con las gentes de esos remotos lugares, si no recuerdo mal, en costa rica . También acababan de hacer un viaje a Bolivia, y de este país me dijeron que como punto positivo, politicamente hablando, se estaban haciendo muchos progresos para erradicar la pobreza, pero que dado el proceso histórico parcado por la explotación que sufrió este país en el pasado, todo progreso era poco.Hay demasiadas cosas que cambiar en Bolivia, y el cambio requiere de tiempo.

A la cena, prepararon una bolsa de pasta que llevaba en mi mochila, con la que no quería seguir cargando por su peso,complementada por una salsa ratatoulie hecha por Marione, queso, paté,  y un vino tinto. Las cosas seguían saliendo bien para mí,  de forma natural, llegando solas, y su compañia fue una alegría, sobre todo por la afinidad con sus pensamientos y por la vida que llevaban, que a mi personalmente, me agradaba mucho.

Por la mañana nos despertamos sobre las 11, y desayunamos juntos café, zumo, y una mermelada de frutas del bosque exquisita. Tras el desayuno fui a ayudar a Tibo a llevar a la huerta un gran "paquete" de paja para las gallinas, me sorprendió bastante lo que pesaba para ser paja,y aún llevándolo entre los dos resultaba incómodo y pesado de llevar, esa paja la cargaba el mismísimo demonio.

Tras dejar todo listo y recoger mis cosas nos fuimos hasta una estación de servicio de Cannes donde nos despedimos, eran las 13:00 y hacía un buen día de sol.Esta vez rechacé todo tipo de comida para llevar,salvo un bote de paté, ya que en mi bolsa de la comida tenía reservas para unos días,  y ya pesaba lo suyo, no podía cargar con más peso.

En esa estación de servicio me paso una hora, hasta que me recogen tres estudiantes de logopedia, de los cuales dos podían entender español si no hablaba rápido, durante el trayecto me estuvieron haciendo preguntas sobre el viaje, y yo sobre sus vidas. Durante un rato dirigimos la conversación hacia los idiomas, concretamente hablando de las similitudes y diferencias entre el español, el gallego, el francés, y el italiano.

Con ellos avancé una hora en coche por la autopista de la costa francesa, pasando casi dos horas en la estación de servicio donde me dejaron hasta que apareció Jalal. Jalal, Esteban, y una chica de cuyo nombre no consigo recordar, me adelantaron muchos kilómetros,  dejándome ya de noche a unos 100 kilómetros de la frontera. Pese a ser tarde, casi media noche, seguí haciendo dedo sobre una hora y media en aquella estación donde me dejaron.

A lo lejos, un caminomero me gritó: A la España??

No me acuerdo del nombre de este camionero turco, con el que iba a cruzar la frontera y llegar a hasta la estación de servicio de la Jorquera sin poder hablar de nada, ya que no hablaba inglés ni Español, algo semejante con lo que me había ocurrido un mes antes con el Turco que me llevó desde Heidelberg a Frankfurt mientras se dirigía hasta allí para llevar a un cliente en su taxi. En ambos casos, aún sin poder comunicarnos con palabras, hacíamos esfuerzos por gesticular y hablar en un idioma no escrito que incluye gestos afirmativos, negativos, de duda, y de negación,  acompañados de sonidos de desacuerdo, de enfado, o de alegría.

Con este último camionero la "no comunicación" era divertida y peculiar. Conseguí entender que quería salir de la autopista y acabar en una estación de servicio del otro carril de la AP-7 gracias a que tras bajar la ventanilla, miraba a la estación del otro carril con una cara mezcla entre extrañeza y lamento, y tras unos largos 20 o 30 segundos me señalaba el lugar diciendo; "humahamuhum""hamamd", o algo así difícilmente traducible, que para mí solo eran murmullos que al traducirlo querria decir algo así como: "joder, no encuentro la salida, ¿por qué no hay carteles por más que miro hacia los lados?!!?.

Yo me limité a decirle en ingles y muy lento, que creia que teniamos que salir de la autopista si queriamos acabar alli. Más o menos nos entendimos, de hecho tuvimos que salir de la autopista, donde consegui hacerle el gesto de "ahora por la carretrra pequeña "carretera nacional", hasta llegar a la estación que él tanto deseaba.

Para que el lector se haga una idea de que es la estación de Servicio de La Jorquera, hay que tener que es uno de los dos únicos  puntos de la Península por donde pueden salir y entrar las mercancías hacia Europa. El tamaño del área de Servició es en realidad un conclomerado de gasolineras, comercios, parkings para cientos de camiones, y robos nocturnos, muy frecuentes aquí.

Cuando llegué aquí,  me fui a tomar un merecido café con leche (1,40€), y el camarero que me atendió,  estaba solo, y me recibió con una mirada de desconfianza y superioridad, pero educada a a la vez, era como un mensaje de que no estaba en ese momento para aturar a nadie. Pedí el café e intenté no molestarlo demasiado, ya que era a la vez que camarero, recepccionista del hotel.

Allí estuve esa noche esperando a que me entrara el sueño a la vez que me tomaba un café,  algo un poco contradictorio.Ya era de madrugada, y tras una hora y media allí metido me dispuse a buscar un lugar donde dormir en aquél lugar, pero cuando salía por la puerta, el recepcionista-camarero que me recibiera con cara tan amarga, se dirige a mí diciendome en el mismo tono firme y serio:¿ Dónde tienes pensado acampar?. Mientras hacía la pregunta se levantó de su silla de recepcionista y acercaba a mí.

Nada malo. Me explicó que muchos acampaban al lado de hotel, ya que en aquel lugar eran habituales los robos pero nunca en la cercanía del hospedaje. "Ya sabes como es la gente que roba aquí,  no tienen miedo a la policía, sino a los jefes de esto, que saben bien como limpiar la zona". Yo no sé nada, pensé para mis adentros, a la vez que le respondía con un "Sí,  sí,  te entiendo perfectamente".

No era por ser falso, pero en aquella situación lo más sabio era asentir y escuchar todo lo que aquél sabio camarero decía. Le hice caso y me puse justo a lado del hotel, en el punto que me recomendó por ser seguro de ladrones, y seguro en cuanto al viento de la Tramuntana, que golpeaba sin piedad. Allí me desperté el 15 de Octubre, con un día de calor.

Cuando me desperté, otra vez un hombre Turco iba a ayudarme, pero esta vez de forma diferente. Esa mañana, a la vez que él salia del hotel, yo salía de mi tienda y preparaba mi equipo.

Me sonrió y me preguntó en Inglés que si necesitaba algo, a lo que le respondí que no, y le hablé del viaje que estaba haciendo, que me dirigía a Galicia . Ignoró mis palabras, y a los minutos apareció con tomates, queso Piladelphia, un café, pan, y chocolate. Esa mañana volvería a desayunar bien gracias a un hombre que no conocía de nada, que como el resto de turcos con los que me encontré en mi viaje, me ayudó sin pedirselo, y mucho más de lo que necesitaba. Y me fui a la montaña.

Estaba a un día de hacer dos meses de viaje, y hasta ese momento, había gastado en total entre la ida y la vuelta 100 euros, 65 a la ida, y hasta ese 15 de Octubre, sobre 35€ en mi regreso a casa.Había pasado por 8 países, desembolsando 12,50€ por país visitado: España, Francia, Suiza, Alemania, Austria,  República Checa,  Eslovenia e Italia.

28."Autopistas y estaciones de servicio; la forma más efectiva para recorrer grandes distancias en autostop"

El día 10 abandono el pequeño pueblo de Dolo, Lidia me deja en la estación de servicio donde trabaja, a unos 30 kilómetros de Venecia, eran las 19:00, y mi presupuesto seguía siendo de 5€ y 20 francos que no había tocado en mi estancia aquí. A partir de este momento entro en la autopista con la intención de avanzar rápido, por lo menos hasta mi llegada a Cataluña, dosificando mucho más mi presupuesto y haciendo escasas paradas en el resto de Italia y sur de Francia. En este momento mi duda era saber en cuanto tiempo podría llegar a la península desde las cercanías de Venecia si ponía todo mi empeño en avanzar lo más rápido posible.

Esa noche del 10 de Octubre, y la madrugada del 11, mediante dos conductores, consigo llegar hasta el área central de Italia, en una estación de Servicio de Firenze, donde no había lugar donde montar mi tienda sin ser descubierto por la policía italiana, por lo que a las 3:00 decido dormirme en el suelo de uno de los retretes del área de servicio, que además de estar limpios,disponían del espacio suficiente para mi mochila, mi bolsa, y yo. Era el lugar más caliente y seguro del que disponía.

Lidia había añadido un paquete de pasta,café instantáneo ,y leche en polvo a mis reservas, que se unían a varias latas de atún y otra de sardinas proporcionadas por los padres de Mateo, y a los 500 gramos de pasta que llevaba conmigo desde república checa, mi bolsa de comida no podía albergar más cosas, y afrontaba este trayecto con comida garantizada por varios días.

La noché que pase en la estación de servicio soñé que dos jóvenes se asomaban entre risas por la parte superior de la puerta de entrada al servicio, y cuando yo me despertaba por el ruido de sus risas y comentarios, me acababan robando la tablet tras un forcejeo que no voy a narrar. Lo curioso del sueño este, fue que en la mañana del 11 de Octubre me desperté como consecuencia de una risa al otro lado de la puerta del retrete. Era el hombre de la limpieza, que se había asomado por debajo de la puerta del baño y al verme durmiendo no pudo contener la risa.

Yo pensaba que todavía eran las 5 o 6 de la madrugada, y me sorprendí al comprobar que ya era de día. A las 9:00 comienzo a hacer autostop en aquella estación de Florencia, pero no sería hasta las 11:30 cuando me recoge el primer conductor, llamado Marco, y de 61 años de edad.

Tras una hora y poco de autopista llegamos a Viaréggio, un pueblo turístico de Italia en la costa mediterránea. Con él me pasé el camino hablando de lugares del mundo, ya que él había estado en númerosos lugares en América,  y eso a mi me interesaba mucho, y así también hablaba de algo que no tuviera que ver con política,  ya que en los trayectos del día anterior estos habían sido los temas estrella.Tras explicarme a Marco mis intenciones de ir a España, me dijo que si lo esperaba hasta las 19:30 en Viaréggio,  me podría también acercar a La Spezia, más próximo a la frontera con Francia, y yo no dude en aceptar la oferta, así además de avanzar rápido, podría Viaréggio con tranquilidad.

Lo primero que hice fue dirigirme a la playa para contemplar de cerca el mediterráneo, algo que no hacía desde hace años, también aproveché para comer mi lata de sardinas con pan que guardaba desde Eslovenia, y pesea lo que se pueda pensar, por las características del mismo, aún se conservaba en condiciones para ser ingerido sin problema. Hasta las 19:30 me dediqué a pasear por el pueblo documentandolo a mi paso, y cerca de dos horas a conectarme en un café ,gastando 2€ en un capuccino que rentabilice con creces actualizando el blog y demás.

El problema aquí fue que no había enchufe por lo que a las 18:30 me fui a un local y me pedí una hamburguesa por 2.50 para cargarla. A decir verdad, además de por la tablet, necesitaba a la vez un pedazo de buena carne. Por otro lado, tras semanas de indecisión, finalmente opté por guardar los 20 francos que Frederic me dió en Suiza como recuerdo de la aventura, por lo que retiré 20 euros, su equivalente sustitutivo para mi presupuesto, que se mantiene por lo tanto invariable.

A las 19:30 Marco estaba en el sitio pactado, y me dejó enuna estación de La Spezia, donde antes de despedirjos me invito a un menú; bocadillo, bebida y postre. Nos despedimos y me dirigí a la gasolinera, para hacer autostop, y mientras colocaba el cartel de Nápoles,  un conductor dió la vuelta y se puso a la par mia, esta vez no era Marco, era Mirka.

Mirka se dirigía a Génova a recoger a su novia, pero hablando y hablando durante este trayecto, pactamos el recoger a su novia en la estación,  y luego continuar con los dos hasta Mentón, en Francia, que era el lugar a donde se dirigían. No me podía creer que en apenas un día hubiera atravesado Italia, todo marchaba según lo planeado. Mirko, al igual que Marco, había viajado por África,  América,  y tenía en mente un viaje a Asia, y de eso hablabamos.

Cuando llegamos a Menton me ayudaron a buscar un lugar donde poder echar la tienda, nos despedimos cuando lo encontramos y me fui a dormir en aquel pueblo vecino de Mónaco, lugar que podría contemplar al día siguiente cuando subí a las montañas cercanas a Menton. Era un pueblo costero, con la tipica playa que tiene más piedras que arena, y demasiados bares y casinos cerca, nada que ver con la costa gallega.

Acampé en el centro de la ciudad, en el aparcamiento de unos edificios que parecia lo suficientemente resguardado por setos y muros.Cuando me desperté ese 12 de Octubre en el pueblo, estrené la leche en polvo y el café de Lidia, y tras tomarme un café(1,30) enun bar, me fui hasta la playa, de la cual adjunto las fotos en esta entrada . También adjunto lasmfotos de lo siguiente que hice, que fue subir por la montaña, dondemcuriosamente se encontraba la entrada a la autopista, esto me llevo unas cuantas horas, y me puse a hacer autostop cuando encontré la entrada.

Me recogió un chico que se dirigia a Nice, la ciudad más cercana, por lo que yo me quedé en el peaje, intentamdo desde allí conseguir algun coche que se dirigiera al oeste, pero los cinco primeros coches qus me pararon también se dirigían a aquella ciudad, por lo que rechacé educadamente su ayuda, cosa que no pude hacer con el sexto coche, ya que estaba anocheciendo, y culquier lugar podia ser mejor para mí.

Pero de esto hablaré en la siguiente entrada.

NOTA: ADJUNTO FOTOS DE VIARÉGGIO, PLAYA DE MENTON,  Y LA SUBIDA POR SU MONTAÑA MÁS PRÓXIMA, Y QUE COMPARTE CON EL PRINCIPADO DE MÓNACO.

viernes, 11 de octubre de 2013

27."La vejez, una segunda juventud."

Eran las 12 de la mañana cuando nos levantamos ese 5 de Octubre, no llovía, pero todo apuntaba a que no pasaría mucho tiempo hasta que esto ocurriera. Tras pasar unas dos horas en casa de Mateo, nos fuimos a comer a casa de sus padres, que habían preparado dos tipos de pasta y ensalada para comer, siendo esta la primera vez en mi vida que podía degustar la cocina típica italiana, cocinada por gente italiana.

Los padres de Mateo, al igual que todo personaje hasta la fecha que interviene en mi historia, se portaron muy bien conmigo, y además de la comida, y proporcionarme víveres para mi viaje, como varias latas de atún y manzanas, me consiguieron una pareja que me había de adelantar camino por la autopista hasta Venecia, dejándome en una estación de Servicio. De la estancia con Mateo destaco su perseverancia, y su mentalidad y conversación abierta, y pese a no conocerlo en profundidad, estos rasgos son los que saco en limpio y destaco sobre el resto.

Pero prosigamos con el viaje. La pareja amiga de los padres de Mateo me dejaron en una estación de servicio por la que pasaban coches de nacionalidades diferentes, algo que en principio me favorece, de hecho me alegré bastante por las características de aquél lugar, pero en verdad, me costó mucho salir de allí. Pase toda la tarde atrapado en aquella estación de servicio.

Cuando llegué me acerqué a la tienda de productos varios para en Inglés,  pedirle a la dependienta un bolígrafo para elaborar un nuevo cartel. Debió notar que pensaba demasiado al construir mis frases, que ella sola, me dijo que si hablaba español, para ella era más facil que el inglés,  ya que habia pasado una larga temporada en Barcelona, sin dudar, cambiamos a una lengua en la que para ambos era más  fácil la expresión.

Esta chica me dejó un roturador de punta gorda tras rechazar la posibilidad de venderme uno de sus bolígrafos "Venecia", y dos horas más tarde a producirse este hecho, cuando me hayaba en la salida de la estación de servicio haciendo autostop sentado, se acercó hasta mi posición, y me regaló un "paraguas" de chocolate, a la vez que me decía; Para que la espera se te haga más dulce. Bonito gesto.

En total, debí estar unas 4 o 5 horas en aquella área de servicio donde se me hizo de noche,  hasta que un jóven biólogo llamado Fabrizio , me recogió, adelantando otros 20 o 25 kilómetros con él hasta casi llegar a Pádova. Fabrizio trabaja con componentes derivados del petróleo, y había estado trabajando seis meses en Libia el año pasado, esto, monopolizó casi toda la conversación, provocado por mi interés por saber sobre la situación en el país tras la muerte de Gadaffi. Según su opinión hay una palabra que resume la situación correctamente, Anarquía.

Pero prosigamos con el siguiente regalo que me ofreció la casualidad. Cuando Fabrizzio me dejó en mi nueva estación de servicio, la duda que debatía con él era si quedarme allí, donde la autopista seguía rumbo a Bologna y Firenze, o proseguir con él dirección Milano. Como había llegado el momento de elegir, y no lo tenía claro, Fabrizzio me propuso fumar un cigarro antes de saber si nos despediamos o no, y mientras me lo pensaba. Pero mientras fumaba seguía indeciso, por lo que decidí tirar una moneda al aire, y que ella decidiera por mí, al fin y al cabo estaba indeciso porque ambos caminos tenían sus pros y su contras. Salió dirección Bologna-Firenze.

Ambos nos reimos bastante del hecho de que tomara tal decisión de esa manera, y tras los últimos comentarios en broma sobre tal acontecimiento, le agradecí el trayecto, nos dimos nuestros contactos, y nos despedimos con un apretón de manos.

Estaba en una nueva estación de servicio solo, de noche, con mucho frío, y con una cafetería como única salvación, además, no hacia más de un minuto que una moneda de 5 cents. acababa de decidir si iba hacia el sur o al oeste, marcando una variación de cientos de kilómetros entre uno y otro destino.Gran parte del área de servicio estaba en obras, y mi idea inicial era tomar un café con leche caliente, conectarme a internet un rato, y dormir en una de aquellas suculentas mesas al calor de la zona de patatillas y chocolates.

Cuando fui a pedir, la camarera me preguntó que si era autostopista, a lo que respondí afirmativamente, a la vez que interiormente me hacia gracia la idea de la adquisición de tal título, y me hacia gracia por el simple hecho de pensar que era cierto, y que ya se contaban a miles los kilometros a mis espaldas, nunca en mi vida hubiese pensando que acabaría haciendo esto, ni siquiera que fuese capaz de llegar hasta aquí, supongo es normal que me haga gracia.

Por suerte para mí, y sin darme cuenta, estaba conociendo gracias a esa moneda a la persona con la que pasaría mis siguientes días "entre algodones", en los que no me faltó de nada, y se puede decir, que me sobraron ciudados, Lidia. Camarera portuguesa, soltera hasta su vejez, con dos perros de 13 y 16 años (no pueden ver y apenas escuchan), con un corazón enorme,y con el sueño de volver a ver España, esa era Lidia.

Le pedí que me pesara la pizza para saber si me compensaba comprar un cacho pequeño, pero cuando me lo pesó la báscula marcaba 5,75. No tenía tantos euros encima, y tampoco tenía intención de cambiar mis 20 francos, por lo que se salía brutalmente de mi presupuesto, procedí a disculparme por hacerle perder el tiempo, y le dijé que me sirviera un café con leche (1.40). Mientras me preparaba el café me dijo que era de Portugal, y que su sueño era volver algún dia a España, donde tenía más de una amiga del pasado. Aprovechó tambien para hacerme un par de preguntas básica sobre mi viaje, a las que repondí con brevedad, antes de ime a unas de las mesas para conectarme a internet, y aprovechar para hablar con mis padres por skype.

Mientras que hablaba con mis padres, Lidia, que justo acababa su turno a esa hora, se acercó a mi mesa sorprendida por la elaboración de mi cartel, que esta vez era en tamaño XXL, con la direcciones Bologna, Firenza, France, escritas en él. Le dije que se acercara para que pudiera ver a mis padres y viceversa, y es en este momento, cuando tras bromear sobre el tiempo con mis padres cuando me invita a pasar la noche en su casa. Acepté y me despedí de mis padres, y me fui con Lidia hasta su casa, donde finalmente pasaría unos cuantos días, concretamente hasta el 10 de Octubre.

Mi nuevo pueblo se llamaba Dolo, y estaba a unos 20 kilómetros de Venecia. El pueblo era conocido por sus villas, que antaño pertenecieron a diferentes familias importantes,  entre los que se haya el duque de Venecia, además a 10 kilómetros del pueblo, había un pseudo-palacio, réplica del famoso palacio de Versalles, "Villa Pisanni a stra, la nazionale", que en el pasado llegó a ser también residencia de Napoleón Bonaparte. Por lo demás,  el pueblo no era muy grande, y su edificios a la vera del río, aun conservaban la esencia de épocas anteriores, haciendo del lugar una buena residencia temporal en mi viaje, sobre todo teniendo en cuenta que fueron estos, días de lluvia y frío.

Pese a la diferencia de edad, conecté muy bien con Lidia, en primer lugar por su trato, en el que me ofreció todo cuanto ella poseía, incluso más de lo que yo necesitaba para proseguir, y en segundo lugar, porque pese a tener casi sesenta años,  su actitud era juvenil, y continuamente estaba bromeando, y queriendo aprender cosas nuevas, de Galicia, de España, o de Cuba, pasando muchas horas también hablando de politica Italiana y española, ilustrándonos mutuamente.

El 8 de Octubre me llevó a un cumpleaños de una de sus compañeras de trabajo.Estaba sentado al lado de la cumpleañera, por lo que disfruté en primera línea de sus sentimientos en día tan señalado, y es que a mí me gusta mucho el lenguaje sin palabras, y desde mi posición podía disfrutar de este pasatiempo contemplativo de maravilla: La no completa felicidad de Federicca (la cumpleañera)en día tan señalado para ella, la indiferencia parcial de los invitados a todo lo relacionado con la fiesta salvo la pizza etc etc.

Lidia rondaba por la fiesta hablando con unos y con otros, siempre riendo, y como en el resto de nuestros días juntos, pude fijarme en su impresionante vitalidad para ser una "anciana", es como si en este momento de su vida gozase de una segunda adolescencia. Mezclaba los constantes cigarros (la tengo visto fumar y sonarse a la vez), con medicinas naturales para despejar los bronquios, o con cotidianos paseos con sus perros, en los que como no podía ser de otra forma se fumaba dos o tres cigarros, y a mi me hacian gracia todas sus contradicciones, al igual que su completo desorden hogareño, que me hacía sentir todavía más cómodo.

Había unas reglas básicas que yo debía tener en cuenta, todas aquellas que tienen que ver con sus dos perros: Lili y Nerón, dos pequineses franceses más viejos que Matusalem. Se resumen en saber que antes de mis necesidades, o las propias necesidades de Lidia, están los perros. Los horarios de paseo se adaptan a las necesidades de los perros, y en casa, antes de comer nosotros, Nerón y Lili han de estar paseados y comidos, una vez lo estén,  podríamos comer, nunca antes. Y es que el amor de Lidia con sus perros, fue algo en lo que pensé mucho, ya que su caso refleja el provervio de quién trata bien a los animales, tratará aún mejor a las personas que le rodean.

Pero volviendo al hilo de este mundo en pleno desarrollo, el 9 de Octubre paró de llover, y aunque el frío no cesó,  esto me permitió visitar la hermosa ciudad de Venezia, que he de confesar, es como ciudad, la más bonita entre todas las que visité,  ya que aún habiendo mucha gente "de aquí para allá", su arquitectura y planificación urbanística provocan la aparición constante de pequeñas plazas y paseos cuya paz y hermosura son dificilmente alcanzable por otras ciudades de ese tamaño.

Por otro lado, y en consonancia con lo que digo, a cada paso nos encontramos una arquitectura harmoniosa, sin grandes edificios molestando, con casas cuidadas, colores alegres, y estatuas grandes y pequeñas distribuidas por todos los rincones. Es una vuelta al pasado calle tras calle, con el colofón final de los bellos canales que cada 100 o 200 metros se nos van apareciendo.

Llegué hasta Venezia con un ticket de tren que guardaba Lidia en casa, y que no tenía pensado utilizar en el corto plazo. El mismo ticket me sirvió para ir y venir al pueblo de Dolo, ya que como hiciera en Munic o Viena, no sellé el boleto a la ida, por lo que me sirvió para regresar. Los recortes en el transporte público italiano tenían que tener algo bueno, esto es, la reducción de revisores en los trenes.

26." Las sombras de la existencia, un mundo a contracorriente".

Al entrar en el comedor, una anciana que trabajaba de voluntaria para la parroquia me indicó la dirección de los aseos, y me pidió que inscribiera mi nombre en la libreta de registro del comedor, no era necesario escribir los apellidos, algo que me resultó llamativo, si dicho registro había de tener algún tipo de validez más allá del orden de las comidas. En cuanto me "registré", comencé a pensar en que mesa sentarme, quizás con el matrimonio, quizás en la mesa del fondo a la derecha, junto a aquellos veteranos,o quizás en la primera mesa junto a otros veteranos mucho más habladores.

Finalmente elegí la mesa del fondo a la izquierda, donde se sentaba un chico que se parecía al Jesús cristiano que nos podemos encontrar en cualquier iglesia, se llamaba Xenom, y junto a él, se sentaba un hombre moreno y canoso, que rondaría los 50 años, y con el que apenas mantuve un par de palabras de cortesía. Entre ellos apenas hablaban, y por ser esta una mesa tranquila, y por ser Xenom aparentemente el segundo más jóven de la sala, acabé sentado en su mesa.

Con Xenom hablé bastante, aunque la gran mayoría del tiempo que habría de compartir con él ese día, me lo pasé escuchando e intentando entender su italiano, hablaba muy rápido, y muy ilusionado, constantemente. En principio me pareció una persona dentro del común,  pero con el paso de los minutos se convertiría en el personaje del día, por sus temas de conversación, por su forma de escucharme atentamente, aun a sabiendas de que solo entendía el 50% de las cosas que yo le hablaba en español,y puede que también por un par de detalles más que dotaban a esta persona de un aura peculiar, pero interesante para mí persona.

Me preguntó sobre mi viaje, y tras una explicación bastante básica, comenzó a hablar él, no tardando mucho en darme cuenta de su profunda visión religiosa de la vida, manteniendo por lo que entendí una especie de dogma cristiano-budista practicante. Le expliqué repetidas veces que yo no era un peregrino en las tres o cuatro horas que pasaríamos juntos ese día, compartiendo comida y parte de la tarde en ese pueblo, pero creo que cuando nos despedimos, él seguía pensando que era un peregrino, esto y otros detalles llenaban de humor mi tiempo con él, todo era bastante surrealista y agradable en su compañía,a partes iguales.

Lo único malo es que hablaba sin parar, y excesivamente rápido, por lo que en más de una ocasión desactivaba mi cabeza mientras él hablaba, sin tener idea de lo que me estaba diciendo, y siendo consciente también de que él, tan ocupado en transmitirme sus razonamientos, no percibía mi desconexión mental, que iba acompañada de asentimientos que iba haciendo con mi cabeza, y un par de "ajam....", "interesante"... He de aclarar que esta actitud solo la mantuve en la última hora en su compañía,  cuando ya sabía de que pie cojeaba, pero repito que era un buen tipo.

Otro detalle curioso de aquél personaje de larga cabellera y barba, era la importancia que le daba al número dos. En la comida lo noté mientras brindaba con él dos veces, no una, pero también en el numero de veces que mojaba el pan en su agua, dos, en honor a cristo, y también cuando intercambiamos cigarros de liar por tabaco normal, dos.

En el comedor social, la gente no solo iba a comer, sino que era a la vez un espacio de socialización, donde toda aquella gente podía deshaogarse y hablar relajadamente con sus iguales, gente de similar condición pese a sus diferentes situaciones, que disfrutaban de aquella hora de tertulia y comida, en la que podrían solicitar llevarse una segunda dosis de alimentos para la cena. Cinco era el total de voluntarios entre cocineros y camareros de la parroquia.

Tras la comida, tal y como comentaba antes, me fui con Xenom, que hacia a la vez de guía turístico y orador, definiéndose a si mismo como santo, y reconociendo su parecido con "Jesucristo Superstar", que es como se autodefinia en plan broma, me hablaba en nuestro paseo de la magna grecia, de la que decía ser ciudadano, de la historia del pueblo y su castillo, y todo esto a la vez que iba saludando a muchos de sus amigos del lugar, ya que Xenom era a la vez unos de los más tipicos personajes de Monfalcones, un loco según otras personas con las que hablé sobre él en el transcurso el día. Para mí no era un loco,ya que no creo en esa definición, sino que más bien era un personaje peculiar, y en su forma de entender el mundo desde la bondad de sus acciones, iba a contracorriente.

Sobre las 18:00, y tras explicarle que necesitaba quedarme solo para escribir en un local con wifi, me acompañó hasta una cafetería con estas características. Se notaba que la personalidad de Xenom no pegaba mucho con el internet de nuestros tiempos, ya que continuamente preguntaba para ayudarme a encontrar un café con wifi, en los distintos locutorios indios, y yo, pacientemente, le explicaba una y otra vez que no era eso lo que yo necesitaba, y que pese a que ahí había internet, no tenian wifi para mi tablet, y finalmente, aunque consiguió entenderme, fui yo el que tuvo que entrar en una cafeteria a preguntar donde podría encontrar un café con las características que necesitaba.

Una vez en el lugar buscado, nos sacamos una foto juntos en la fuete del pueblo, nos despedimos con los dos besos típicos del lugar,  y dejé que se fuera con una pareja de avanzada edad, que gozaban por las calles de Monfalcone de su borrachera post-comida, a la vez que yo entraba en el café donde me pasaría hasta las 22:30 escribiendo en mi blog y hablando con mis familiares y amigos. Es curioso que ese día le decía a mis padres que la noche estaba complicada, no tenía donde dormir, y el autostop por Italia iba a marchas forzadas, curioso porque esto cambiaría a la media hora de salir por la puerta del bar.

Cuando salí del café me dispuse a caminar hasta las afueras del pueblo, buscando un lugar donde montar la tienda, pero tras media hora de caminata, me propuse hacer autostop en una zona iluminada dirección Venecia por si sonaba la campana de la suerte, y sonó. Me recogerían una pareja de chicos jóvenes, que me invitaron a tomar una cerveza con ellos antes de dejarme en la autopista, cosa que acepté.

Nos fuimos a un bar de un pequeño pueblo situado entre Monfalcone y Venecia, en aquél Bar todos se conocían, y Alberto y Eli, me presentaron a Mateo, persona con la que pasaría esa noche, y parte del día siguiente de la forma que narro a continuación.

Mateo trabajó durante años en Mallorca, y era de los allí presentes, el que mejor español hablaba. Nos pusimos a hablar en aquél bar de pueblo, y a los 10 minutos,  tras preguntarme si iba a dormir en la calle esa noche, me ofreció pasar la noche en el sofá de su casa, todo un lujo en esas circunstancias, ya que las noches desde hace ya dos semanas estan siendo muy frías,  nada que ver con mi viaje "de ida". Pero antes de dormir, aún nos quedaba una larga noche por delante, ya que Mateo se había propuesto hacer mi noche lo más agradable posible.

Primero me llevó a un pequeño local de carretera donde me invitó a unas cervezas, donde pude charlar con gente del lugar, y conocer un poco más de Mateo. Hablamos mucho de amor en general, y en lo concreto, hablamos de su caso en particular, ya que desgraciadamente, no estaba pasando por el mejor momento con el amor de su vida, yo apenas pude darle mi visión del caso, y decirle lo que yo pensaba de lo que el me contaba, pero mi ignorancia sobre el caso en concreto, me impedia aventurarme. A decir verdad, nunca me gustó opinar sobre otras parejas que no sean la mía,  ya que es este un tema muy complicado, y en el que cada pareja es un mundo diferente, por mucho que los "expertos" traten de homogeneizarlas y dar soluciones comunes.

Tras nuestro paso por el local nos fuimos hasta una discoteca que inauguraban esa misma noche. Allí pasamos otra hora más antes de llegar a casa, donde charlamos hasta acostarnos, la discoteca estaba saturada, y Mateo se hizo cargo de los 10€ de la entrada (con consumición). Ya en casa pude enseñarle el blog, agregarlo al facebook para cuando quiera venir a Galicia, y ver fotos sobre sus viajes por islas africanas.

Mateo me hablaba del contraste entre el lujo que pudo observar en el espacio reservado en el hotel y zona turística de una de esas islas lujosas próximas a las Seichels,  y la extrema pobreza que se encontró cuando pudo mediante a algún contacto que hizo allí, descubrir la parte oculta de la isla. Esta escena de fuerte contraste se repite a lo largo y ancho del mundo en todos los países en vias de desarrollo que mantienen un mercado turístico de "alto standing". Los ricos cada día más ricos, los pobres cada día más pobres, ¿No?.

Así habia sido el final del 4 de Octubre, y el comienzo del 5, en su intensa madrugada.

viernes, 4 de octubre de 2013

25. "Caridad no es solidaridad".

Tras despedirme en aquella parada de autobús de Johan, realicé un intento fallido de cruzar la frontera a pie, frustrado por una imponente autopista que me impedía cruzar al país vecino. Lamentándome, volví al punto inicial, perdiendo alrededor de una hora entre la ida y la vuela

Comencé de nuevo a hacer autostop, pero parecía que allí nadie me iba a parar, y tras algo más de una hora, consulté un mapa turístico en aquél lugar, e intenté hayar una ruta alternativa que me llevara a Italia sin "chocar con la autopista". La encontré, pero suponía hacer el doble de kilómetros.

Aún teniendo que caminar el doble, me puse a ello, ya que no me apetecía hacer autostop por más tiempo, y harto y enfadado con aquella parada me puse el cartel a la espalda, y comencé a caminar. Tras diez o veinte metros, como si la casualidad se estuviera riendo de mí a lo largo del viaje con sus innumerables paradojas, me paró un chico que iba a ver a su novia a Trieste, dejándome en el centro de la ciudad, que atravesé posteriormente andando y en autobus, ya que una señora con la que entable conversación me invitó al billete.

Llegué a un pequeño puerto con un parque a las afueras cuando estaba atardeciendo, y allí decidí quedarme viendo la puesta de sol y fotografiando el lugar. Cuando anocheció, me fuí a tomar un capuccino con leche (1€)en un pequeño bar, donde me quedé una hora hablando con el camarero mientras cargaba mi tablet, y comentaba con el chico buenos lugares para dormir sin posibilidad de que apareciese la policia.

Encontré mi lugar en la ladera de una de las montañas que protegían la costa, subiendo por un estrecho camino de dos metros de ancho, justo en su final sin salida, y pegado a la vez a dos casas.Me preocupaba la idea de que mis nuevos vecinos alertados por mi ruidos en la oscuridad de la noche, llamaran a la policía,  por lo que decidí quedarme despierto un rato observando lo que sucedía.Al rato, por suerte para mí, llegó el jóven de la casa, al que le pedí permiso para acampar allí, mientras le iluminaba mi tienda con la linterna.

Al cuarto de hora salió su padre, con el que hable un rato, y que lejos de molestarse, se preocupó por mi situación,  y me ofreció de comer, cosa que rechacé por tener mi bolsa de plastico repleta de alimentos por mi compra en el super, y por los alimentos que Johan me proporcionara en Koper. Nos estrechamos la mano, y cada uno entró a dormir en su vivienda.

En la mañana del 3 de Octubre, me despierto con una bolsa de cartón al lado de mi tienda, dentro, una pequeña botella de agua con café en su interior, y un paquete galletas de cereales.Redacté una nota de agradecimiento en un trozo de cartón, y me tomé el café con cigarro viendo el mar desde aquella elevada posición, acto seguido, bajé hasta la carretera de la costa para continuar mi camino.

Llegué a mi siguiente pueblo objetivo, Monfalcone, sobre las 16:30, y tras tomarme un capuccino y charlar cerca de una hora con el camarero, que corrió con los gastos de mi consumición, me dispuse a recorrer el pueblo esperando alguna señal que me iluminara el camino, a la vez que aclaraba mis ideas.Y la señal llegó en forma de oficina de ayuda al ciudadano de Monfalcone, donde entré con la intención de que me proporcionaran un lugar donde pasar la noche. Me dijeron que no disponían de ningun lugar para tal función, y me recomendaron ir hasta la parroquia de San Gabriele, donde tenían experiencia atendiendo a gente sin hogar. Eso hice.

Una vez allí negocie mi estancia nocturna, y como no tenian ningun tipo de habitación para la función social que requería, me ofrecieron pasar la noche instalando la tienda en el campo de fútbol del que disponian, y teniendo en cuenta de que cerrarían la verja de acceso al lugar por la noche, podría dormir tranquilo, por lo que acepté encantado.

Eran las 12:00 del 4 de Octubre cuando me desperte en aquellas instalaciones de la orden religiosa de San Gabriel, y sin pensarmelo dos veces me dirigí al comedor social de Caritas del que disponías. La primera impresión una vez entré,  fue una mezcla entre alegría y tristeza.

Alegría por poder asearme aunque fuera en un grifo con agua templada a la vez que podía comer algo caliente, tristeza por ver a toda aquella gente recurrir a la caridad, que no es lo mismo que la solidaridad. La solidaridad, entendiéndose esta como la ayuda mutua y desinteresada entre iguales , es algo precioso, y yo ya la había disfrutado varias veces en mi camino, pero esto era caridad, la ayuda por parte de una institución o persona que desde una posición privilegiada, proporciona ayuda a seres humanos de una posición social inferior, y siempre obteniendo algo a cambio, como en este caso es la publicidad y promoción religiosa a costa de la necesidad de toda esta pobre gente, que no debieran necesitar de ello en un mundo solidario, en el que nadie pase hambre.

Nada iba a agraderle yo ni a la Iglesia, ni a San Gabriel arcángel, ni a Caritas, siendo mi única intención el comer de gratis, la comida que ellos recibían de gratis, y observar todo lo que pudiese en mi paso por este lugar, quizás podría aprender algo nuevo y valioso. Eso sí, y para que se me entienda bien, si agradecí a camarer@s y cociner@s su solidaridad y trabajo, que menos.

Que el lector sepa que el paisaje que se dibujaba en el comedor no tenía que ver con drogadictos esta vez, sino que en las diferentes mesas que observé me encontre con matrimonios, minusválidos,  y sobre todo gente mayor, a los que supongo que su mísera pensión no les alcanza para llegar a fin de mes. Esto era el ano del sistema capitalista, el cuadro de sus consecuencias reflejadas en un comedor, la injusticia de un sistema inhumano, y una sociedad globalizada insensible e irresponsable, que permite la explotación tanto de la naturaleza, como de sus iguales. Individualismo, egoísmo, dinero, y la doctrina del sálvese quién pueda.

Cuando entré en el comedor con mi enorme mochila a cuestas y mi bolsa de plástico, todas las miradas me enfocaron, era el miembro más jóven de la sala.

NOTA: ADJUNTO FOTOS DE TRIESTE Y SUS AFUERAS EN EL PEQUEÑO PUERTO, TAMBIÉN LAS DE MONFALCONE, Y LOS LUGARES DONDE DORMÍ AMBAS NOCHES, ASÍ COMO LA BOLSA DE CARTÓN QUE ME REGALARON.